Tragedia de un niño regio
Soy un joven de 28 años y, al no poder realizar mi vida normal por frustraciones del pasado, estoy decidido a desahogarme.
Cursaba yo el kínder en la ciudad de San Nicolás de los Garza, N.L., y de lunes a viernes, en punto de la 1 de la tarde, el transporte tocaba a mi puerta. Muchas veces estaba listo y muchas veces fingía estar enfermo para no ir.
Un día de esos decidí quedarme en mi casa, mi abuela me hizo el paro diciendo que estaba enfermo y que me tenia que quedar en cama. Así fue. Dieron las 2:30 de la tarde y la barra infantil en el canal 2 empezaba con el cumbianchero y guapachoso de Tomy, cantando y predicando que no sabia donde estaba su periquito y que nadie jugaría con él.
Pero mi hit era Pipo!! Ese payaso la movía con sus pastelitos y su refresco joya. Ah! Y como olvidar al Profesor Pilocho (el de la receta secreta), sin hacer a un lado al mago Nicola (hoy símbolo alternativo), a Abraham Villareal y sus perros pedorros y no por último ni menos importante: la ultra mamona, fantasiosa, única, espeluznante, excitante, temerosa, intrigante, conmovedora, apasionante, alucinante, tremenda, enloquecedora, apocalíptica, interesante, absorbente, delirante, palpitante, odiosa, estimulante, enardecedora y arrebatadora Aventurita de Pipo. Como olvidar a Pipo Morrow, que en esas fechas andaba de moda.
Pero bueno, la cosa es que el programa estaba por comenzar. Que salga Pipo, que salga Pipo!… El güey salió y presento el programa. Entonces mis ojos de niño se enfocaron en sus labios, pintados con pintura de payaso comprado en las tiendas de disfraces más lujosas, y dijo: ¡Hoy nos acompaña el Jardín de niños Margarita Maza de Juárez, de Ciudad San Nicolás de los Garza! Dios mío me sentí morir, el mundo se me vino encima… no lo podía creer, ¡era mi pinche kínder! Al ver las caras de mis compañeros diciéndome adiós, me faltaba el aire, me estaba muriendo.
Desde entonces mi vida ya no fue igual, todo cambio, nada me importaba. Tan solo de imaginarme que a varios de mis compañeros Pipo les haría pipip y a mi no…
Después iba al kínder por puro orgullo — y porque me obligaban — me iba mal en las materias, deje introducción a la Plastilina para segunda y para tercera Crayolas II, hasta que logre graduarme con la ayuda de mi familia y de varios psicólogos.
Pero para entonces yo era otro, no pude ver a Pipo en persona y no pude gritar: ¡Que salga Pipo! Nunca nunca lo pude superar ni cuando trataron de contentarme llevando a ver al estúpido de Juan Pestañas, con un individuo cabeza de Perro Romel (rosa para acabarla de chingar), nunca en mi vida he conocido un pinche perro rosa que no se cansaban de decirle que se sentara.
Discúlpenme. Sé que, como yo, tu también tienes una historia que te amarga el corazón. Solo quería desahogarme con alguien…